jueves, 15 de marzo de 2007

Un año

Que difícil es evaluar el primer año de gobierno de Michelle Bachelet. Trataré de hacer un primer intento de analizarlo.
Por un lado, creo que la Presidenta le ha dado un nuevo aire a este país. Después de los gritoneos y el mandoneo permanente de Ricardo Lagos (que a todos nos mantenía en tensión), una mujer calmada, empática, que convoca al diálogo, que promueve el intercambio de ideas y la presentación de propuestas ha mostrado que es posible impulsar el respeto social. Una amiga me decía que ahora ve a la gente menos tensa y eso al parecer es cierto. Tanto así que aunque el crecimiento económico ha sido menor del esperado (sin ser malo), los índice de cesantía han disminuido y el tema del empleo ha perdido ese grado de dramatismo que tuvo en los años anteriores.
Yo creo que esta forma de enfrentar los problemas es el gran aporte que dejará Michelle Bachelet en su paso por la Presidencia de la República. Ese cambio cultural que señala que una mujer (tal como cualquier mamá) escucha a su familia, media entre sus miembros y busca una solución que no perjudique a ninguno de ellos en particular. Y el otro gran mérito es que no ha asumido el ejercicio del poder con códigos masculinos. Ella se presenta como mujer, actúa como mujer y se expresa con códigos femeninos. Y puede equivocarse, pero su condición no la pone en juego.
También me parece importante reconocer que aunque no ha modificado el modelo, tampoco ha promovido su brutal imposición, como hizo Lagos. Incluso creo que ha habido una reasignación de recursos con real sentido social aunque con poco impacto mediático.
Por otro lado, la Presidenta ha debido dedicar demasiados esfuerzos a tapar los cráteres que se le abren a consecuencias de malas acciones realizadas en el gobierno de Lagos, como los escándalos de Chiledeportes, que no ocurrieron en este gobierno. O como ese gran problema que se llama Transantiago, que Lagos dejó amarrado, con contratos firmados y operación definida, pero para que implementen otros y se quemen otros. Los errores de diseño y planificación vienen del anterior gobierno y Bachelet y su equipo han tenido que ponerle el hombro como mejor se pueda, asumiendo altos costos, porque trasnformar radicalmente el sistema de transporte público de una ciudad de más de 5 millones es una tarea titánica.
Pero creo que subsiste en Chile un gran problema: el grito destemplado, grosero, agresivo y descriteriado de la derecha. Cualquiera de las estupideces que dice la derecha tiene alto eco y repercusión en la prensa, por lo que el gobierno debe pasar esquivando agresiones y respondiendo estupideces. Primero armaron artificialmente un gran escándalo por el voto para el Consejo de Seguridad, consiguiendo que Bachelet no se atreviera a votar por Venezuela. Luego le hicieron la vida imposible a la subsecretaria de Deportes, que tiene cero responsabilidad en los actos de corrupción conocidos, hasta que la hicieron caer por un hecho absurdo como es su currículum (ella no debió mentir pero ese no era un acto político). Después han pasado semanas y meses hablando de la píldora del día después. Y ahora gritan porque la nueva subsecretaria trabajó con una sicóloga vinculada al caso de Gemita Bueno. Los Longueira, Matthei, Larraín & Larraín, Noboa y otros de esa misma calaña son los seres más abominables de la política chilena y ellos en muchas ocasiones logran paralizar la acción de gobierno. Ellos son los enemigos de Chile, los que impiden trabajar y progresar. Y los que pretenden gobernar algún día, ¡pobre país!
En eso se muestra que lo que le falta a esta Presidenta es malicia, ser manipuladora, politiquera, para manejarse con las malas artes y muñequeos de los políticos, pero a la vez esa es su fortaleza.

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